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Rezando con los refugiados en Siria
01 septiembre 2011

Esta es una familia de refugiados de Iraq que vive en la actualidad en Siria. Los dos niños son discapacitados. La mayor angustia de los refugiados iraquíes, de los que cientos de miles fueron acogidos en Siria, es que el país que los recibió se convierta en otro Iraq.
Aleppo, 1 de septiembre de 2011 – Desde principios de este año, la situación en muchos países árabes (entre estos, Túnez, Egipto, Yemen, Libia, Siria, Bahrain…) ha cambiado considerablemente, en gran parte gracias a los movimientos políticos populares. Esto no sólo ha desembocado en cambios en los regímenes políticos o en confrontaciones sangrientas, sino que también ha generado grandes desplazamientos de pueblos.

En algunos de estos países — como Libia, un punto de tránsito clave para los africanos con destino a Europa — en ocasiones los inmigrantes se han convertido en el centro de los ataques, y miles de trabajadores de los estados vecinos se han visto obligados a volver a casa, sin trabajo o sin medios de subsistencia. Los refugiados y los inmigrantes han visto cómo su situación ya precaria empeoraba debido a la incertidumbre política y económica, a las afirmaciones de etnicidad y a los periódicos estallidos de violencia.

Lo que más angustia a los refugiados iraquíes, de los que cientos de miles fueron acogidos por Siria, es el temor a que su nación de acogida se convierta en otra Iraq, un país casi completamente desintegrado y víctima de aleatorios bombardeos, asesinatos y secuestros.

Anne Ziegler, asistente del director de proyecto en Aleppo, JRS Siria


Tu reflexión
La 'Primavera Árabe' es el resultado de una combinación de causas y motivaciones, y cada país se enfrenta a su realidad específica. Los intereses de grupos internacionales y nacionales particulares, que sólo pueden llevar a la injusticia y al desorden, coexisten junto a las legítimas demandas de las poblaciones.

Al llegar a Siria, me sorprendió saber que este país había acogido a más de un millón de sus hermanos y hermanas de Iraq, garantizándoles el acceso gratuito a la educación primaria y secundaria, así como a los servicios de salud primaria.

Todo ello a pesar del hecho de que Siria, por una parte, dista de ser un país rico y, por otra, ha sufrido también años de sequía. “Ahlan wa sahlan” (Bienvenido) son, en efecto, las palabras que más he escuchado aquí, en Oriente Medio, donde hay una milenaria tradición de hospitalidad y coexistencia pacífica.

Esta generosidad sólo es posible cuando cada persona, lengua, confesión y comunidad étnica se siente respetada por lo que es, y esta diversidad se reconoce en beneficio de todos. Las exclusiones y generalizaciones conducen más pronto o más tarde a frustraciones, tensiones — ya sean a nivel nacional, regional o global — que abren la puerta a la violencia.

Oremos para que esta tradición de bienvenida y hospitalidad recupere su vieja fortaleza, y que el otro sea, de nuevo,  bienvenido como hermano o hermana, que el acercamiento se imponga a la distancia y al rechazo, y que el espíritu de cooperación y confianza mutua se reconstruya poco a poco.

Finalmente, que el Señor siga fortaleciendo los proyectos del JRS en Oriente Medio de manera que puedan convertirse en espacios de coexistencia pacífica, donde la gente comparta unida y venza los temores paralizantes.

Por favor, únase a nosotros en la Reflexión:



Suggested Reading for Prayer
Génesis 18:1-8

El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor.

Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo.

Diciendo: "Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor.

Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol.

Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!". Ellos respondieron: "Está bien. Puedes hacer lo que dijiste".

Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: "¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas".

Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo.

Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol.



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