Additional information
Rezando con los refugiados desde Somalia
01 octubre 2011

Una chica refugiada somalí en el centro de tránsito de Dollo Ado, Etiopía. Hasta septiembre, miles de refugiados estuvieron acampados aquí antes de ser trasladados al recién creado campamento de Helawen. (Angelika Mendes/Jesuit Refugee Service)
Nairobi, Kenya, 1 de octubre de 2011 – Desde el principio de la sequía y de la crisis de la hambruna en el Cuerno de África, en julio, decenas de miles de refugiados han huido de Somalia, la mayoría hacia Kenya y Etiopía. Tuvieron que caminar días, incluso semanas. Algunos no sobrevivieron al viaje; otros han perdido familiares en el camino o los han tenido que dejar atrás.

"Caminé un mes hasta llegar a Addis [Abeba, la capital etíope], mis piernas estaban hinchadas y cuando finalmente llegué estaba demasiado débil incluso para hablar. Tuve que dejar atrás a mi madre, ella era demasiado mayor, no podía seguirme y yo tenía que salvar mi propia vida. Ahora estoy preocupada por ella, dice Idil", una mujer somalí de 59 años.

En Nairobi, muchos de los refugiados son víctimas de discriminación por parte de su propia comunidad, que les hace responsables de la actual crisis en Somalia. En el norte, las carreteras hacia los campamentos de refugiados están salpicadas de animales muertos, aldeas vacías, personas muriendo de hambre y tumbas. Los que llegan a los campamentos lo hacen deshidratados y malnutridos; allí reciben su primera comida nutritiva en semanas. La mayoría de los refugiados que llegan al árido y caliente sudeste etíope son niños, la mayoría de los cuales no tiene nada que hacer durante todo el día.



Tu reflexión
Quedé profundamente impactado por la resiliencia de los refugiados somalíes cuando visité los campamentos de refugiados de Dollo Ado, en el sudeste de Etiopía, hace un par de semanas. A pesar de la hambruna, el dolor y lo que han sufrido, ellos no se rinden.

La imagen de las tumbas a lo largo de la carretera que lleva al centro de recepción, la gente demacrada y los miles de niños sentados en el polvoriento, ventoso y caliente desierto fue una de los peores cosas que he visto en mi vida y que más me han entristecido. Y aún así, muchos de ellos, especialmente los niños, me saludaban amigablemente y me sonreían.

Me di cuenta que sin fe esa situación es dificilmente soportable. Y también me di cuenta – y eso es algo muy importante para mí — que todos a los que conocimos eran creyentes, que se apoyaban en su fe y que de ésta sacaban fuerzas.

Viajé allí apenas había comenzado el Ramadán, el mes del ayuno en la tradición islámica. Y para mi sorpresa, la mayoría de los refugiados de los campamentos que habían huido de la hambruna en Somalia y que aún estaban débiles, estaban siguiendo el ayuno — porque es su tradición religiosa, significa mucho para ellos y les da fortaleza.

Podría sonar extraño, pero creo que la fe de los refugiados somalíes les ayuda a soportar esta situación sin rendirse. Su fe les da fortaleza y resiliencia porque la fe siempre tiene que ver con la esperanza y la seguridad.

Ver esta fe profunda hace que me pregunte si en nuestro entorno secularizado, seríamos capaces de soportar esta situación con la misma resiliencia. ¿Cuál sería la fuente de nuestra resiliencia? Reflexonando sobre esta cuestión, los refugiados musulmanes se convirtieron en nuestros maestros

P. Frido Pflueger SJ, director del Servicio Jesuita a Refugiados – África Oriental



(function(i,s,o,g,r,a,m){i['GoogleAnalyticsObject']=r;i[r]=i[r]||function(){ (i[r].q=i[r].q||[]).push(arguments)},i[r].l=1*new Date();a=s.createElement(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','//www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-62913453-1', 'auto'); ga('send', 'pageview');