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Rezando con los refugiados: la oportunidad de la educación
01 agosto 2011

Los estudiantes en esta aula de esta escuela superior de Johannesburgo son ciudadanos de Sudáfrica y de la República Democrática del Congo. (Christian Fuchs/ JRS)
Washington DC, 1 de agosto de 2011 – Los refugiados no abandonan sus países por el simple hecho de que las cosas estén difíciles, se van porque sus vidas están en peligro y la situación es desesperada. Les empuja la esperanza de encontrar nuevas oportunidades, no sólo para ellos mismos sino también para sus hijos.

Llegar a un nuevo país es traumático para los padres que a menudo quedan confinados en campamentos donde no hay la opción de tener un empleo. Incluso cuando viven en ciudades, dependiendo de las leyes locales, a los refugiados urbanos no se les permite trabajar. En aquellos países donde los refugiados pueden trabajar, los empleos son escasos o los obstáculos son tan grandes que les impiden conseguir un trabajo.

La educación es un salvavidas para el futuro de los refugiados. Las clases de educación de adultos les permiten tener una formación nueva que les ayudará a conseguir nuevos empleos. La educación tradicional permite a los niños disfrutar de su infancia junto a otros chicos y chicas de su edad, y recuperar algo parecido a una vida normal en estas circunstancias anormales. La educación permite a los niños crecer, tener la oportunidad de asegurarse su futuro y no quedar atrapados en las condiciones de vida de un campamento o un suburbio sin esperanza.

Tu reflexión
Una refugiada de la República Democrática del Congo, que ahora vive en Johannesburgo, Sudáfrica, nos comparte su historia:

"Salimos de nuestro país, de una guerra; necesitábamos ver un futuro en nuestros hijos. Era como que si ellos no hubieran tenido educación, hubiéramos estado más perdidos que nunca.

"Si no eres refugiado, no puedes entender cómo se siente esta situación. Que los niños puedan asistir a la escuela, es como recuperar la ilusión, y el JRS nos ha devuelto esa esperanza. Estamos muy agradecidos por ello. Mis hijos padecen… hemofilia. Para ellos era difícil ir al colegio… La escuela se quejaba siempre. Una los expulsó… así que vine al JRS llorando para que me ayudasen.

"Soy refugiada y estoy sin trabajo, ¿cómo puedo pagar la escuela? El Servicio Jesuita a Refugiados escuchó mi historia y aceptó a mis hijos. Están pagando su escolarización. Ya confío en que mis hijos verán un mañana, tienen un futuro ante ellos. Pueden acudir a la escuela como los otros niños. De no ser así, se quedarían en casa, sin  hacer nada, viendo pasar el tiempo sin esperanza, y eso me mataría.

"A mis niños, les va bien en la escuela, y yo estoy feliz. En la escuela [los otros chicos] no saben que son refugiados, son estudiantes como los demás. Así que me siento feliz. Las escuelas privadas son para la gente rica, no para los refugiados, pero mis hijos están allí. Estoy feliz, gracias JRS."

Por favor, únase a nosotros en la reflexión:





Suggested Reading for Prayer
Mateo 13:1-12

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía:

"El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!".

Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?".

El les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía…"