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Rezar con los refugiados en el Chad: la educación preserva la vida de quien la tiene: la educación de las niñas
01 noviembre 2014

Una joven sentada y muy atenta durante una clase en el campamento de Guéréda en el Chad (Peter Balleis SJ / Servicio Jesuita a Refugiados)
Las emergencias más recientes en el mundo - República Centroafricana, Sudán del Sur y Siria - han desviado la atención de los medios internacionales de situaciones de largo aliento, donde hay tasas de malnutrición aguda proporcionalmente más altas que en las crisis.
Abéché, 1 de noviembre de 2014 – La escasez de alimentos en los campamentos de refugiados obliga a las familias a realizar prácticas que en otras condiciones serían inaceptables. Algunas casaron a sus hijas prematuramente por dinero. Hay niñas que están lavando ropa por menos de 1,75 dólares al día en vez de ir a la escuela. Otras han recurrido al sexo para sobrevivir. El recorte del pasado año de un 60 por ciento de la asistencia alimentaria para las 360.000 familias refugiadas sudanesas en el este del Chad no solo ha puesto a las niñas y mujeres en situación de riesgo, sino que ha afectado a la educación femenina.

A finales de 2012, el 70 por ciento de todos los refugiados vivían en situaciones de refugio prolongado, como es el caso del Chad, donde llevan más de cinco años. Globalmente, hay una correlación positiva entre los países que acogen a una ingente cifra de refugiados y los altos niveles de inseguridad alimentaria. Las emergencias más recientes en el mundo - República Centroafricana, Sudán del Sur y Siria - han desviado la atención de los medios internacionales de situaciones de largo aliento, donde hay tasas de malnutrición aguda proporcionalmente más altas que en las crisis.

La inseguridad alimentaria tiene un impacto directo en la educación. En las crisis alimentarias, los estudiantes abandonan la escuela o los sacan para ayudar a mantener a sus familias. Mientras que el número de niñas matriculadas en las escuelas de primaria en los campamentos de refugiados del este del Chad es más o menos igual a la cifra de niños, la tasa de permanencia de las niñas es mucho menor. Víctimas del peso de la tradición familiar y de otras responsabilidades económicas, las niñas se ven afectadas de una forma desproporcionada.

Aunque el Programa Mundial de Alimentos ha introducido recientemente un programa piloto en el campamento de Goz Amer, aumentando las raciones alimentarias a las familias consideradas como extremadamente vulnerables, quedan aún muchas lagunas. La decisión, determinada a nivel de los hogares, no tiene en cuenta la situación de las niñas y las mujeres y la naturaleza patriarcal de algunas familias sudanesas. Tampoco consigue motivar a las familias para promover la educación de las niñas.


Tu reflexión
En la mayoría de los países en desarrollo, las mujeres son el sostén de la familia. Las mujeres traen los alimentos, se encargan de la educación, atienden a las familias, son las transmisoras de conocimientos a través de generaciones. Educar a una mujer asegura no solo la educación y la preservación de su vida, sino la de sus hijos. El valor de la educación de las niñas es, por lo tanto exponencial ya que crece y se expande de generación en generación.



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